martes, 20 de noviembre de 2012

EL ESPEJO DE LAS HADAS


Ella, La Bella, esa preciosa doncella del campo de fantasía, que cantaba bellísimas canciones de tan lindas melodías, un buen día sin saber como y por qué, empezó a cantar canciones, de un grupo muy yeyé.

Se pasaba el día peinándose la melena, rizándose las pestañas, descuidando sus tareas, y mirándose su linda estampa, en un espejo cruel.  Pobre Bella, aquel espejo no la dejaba ver más allá, de su propio reflejo mortal. Y como una estrella fugaz, fue apagando los destellos que le unían al campo de la fantasía y la magia de verdad.

¿Qué le pasaba a La Bella, que en las ninfas no quería creer? era bastante avispada, pero ya, casi no creía en la hadas porque había empezado a crecer. Y el campo de la fantasía envuelto en melancolía, poco a poco, se iba dejando vencer…

Todo era diferente en su propia habitación. Había renovado el ambiente, sin peluches, sin muñecas, sin cuentos, casi sin alegría. Era un cuarto deshabitado en un mundo limitado sin magia y fantasía, donde ya no cabía la ilusión.

Un día, sin justificación aparente, encontró en el suelo de su cuarto, un pedazo de cristal que brillaba reluciente. Miró a todos lados para ver si encontraba el espejo fracturado de aquel lumínico cristal. Pero no halló respuesta alguna que le diera explicación.

De aquel espejo salía un destello distinto a cualquier otro cristal. Brillaba con reflejos azules, y parecía vaporoso como tules de metal.

¡Que extraño se veía! Eso no le parecía normal. Se miró en él atentamente, y se vio envuelta de repente, en una bruma angelical.

Ella, La bella, se sentía diferente, con una frescura inusual. Flotando como entre la bruma de algún exótico lugar. Como cuando era pequeña, con esa ilusión ferviente que a nadie se le debe robar.

Se encontró frente a frente con la dueña del lugar. Era el hada de los tiempos, la dueña de aquel espejo asombroso, que dota a las persona de la eterna ingenuidad. La que regala los sueños, la que te cubre de ensueños por toda la eternidad y le dijo:

-Nunca abandones la inocencia, nunca sucumbas a la desesperanza. Y aunque crezcas, envejezcas o pierdas la confianza. Aunque los años se esfumen como el humo o el vapor, yo estaré ahí  presente dentro de tu corazón, y hallaras siempre un sitito, para la imaginación.

Y ella, La Bella, aunque seguía siendo la mas bella, se dio cuenta de sus errores y le pidió al hada perdón. El hada le regaló el espejo para que  se mirara siempre con los ojos de la ilusión. Y ella, La Bella, como una estrella se sentía y con las hadas bailó entonando sus lindas canciones en la isla de la fantasía.

Autora Margary Gamboa.



4 comentarios:

  1. Se lo conté a mi nieta, y me dijo te extrañare Abuela, después se durmió.

    Gracias

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  2. Y La Bella recapacitó, ¡Bien!


    Un abrazo.

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  3. Muy bonito. Se lo leeré a mi niña porque me ha gustado mucho.

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  4. Qué hermoso, pero ...¡ Qué hermoso !!!

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