domingo, 28 de agosto de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA



Hace mucho, mucho tiempo, en los confines del mundo se hallaba un lugar realmente encantador, lo rodeaba un frondoso bosque donde habitaban animalillos de multitud de especies. Un río de aguas cristalinas lo bordeaba, en su orilla, flores de mil colores lo adornaban.

En mitad de aquel mágico lugar había una pequeña cabaña habitada por un  humilde matrimonio de granjeros. Aunque algo mayores, esperaban ilusionados el nacimiento de su primer hijo. 

Se sucedieron las lunas, una tras otras hasta que llegó la hora del alumbramiento. Para sorpresa de los afortunados padres, llegaron al mundo dos criaturas idénticas como dos gotas de agua. Fue el acontecimiento más maravilloso que jamás había ocurrido por aquellas tierras. Jamás de los jamases, habían nacido allí, dos criaturas idénticas y humanas a la vez. 

Nereida y Selena llegaron al hogar en la octava luna de un mes de octubre.  Las dos bellísimas, de delicada  tez y cabellos dorados, heredaron los ojos azules de su padre, y todos los encantos de su bella madre.

Crecieron libres como las aves, felices,  jugueteaban en los plateados prados que arrullaban su infancia, propias de princesas de cuentos.

Eran inocentes y soñadoras, siempre inseparables trotaban y jugueteaban como potrillos salvajes. Solas, en aquel lugar, vivían en su propio mundo imaginario. Cada vez que salían a pasear por el bosque, creían ver pequeñas hadas revoloteando a su alrededor. Solían imaginar que algún día las llevarían a volar, un mágico vuelo, en un paseo por las nubes.

Su madre, siempre les hacía bajar de sus nubes advirtiéndoles, que las hadas no existían, que no fantaseasen con tanta imaginación.  Los pies en el suelo, les solía decir una y otra vez.

Pero en la primavera de su décimo cumpleaños, todo se tornó en sombra sobre la cabaña, se auguraban malos momentos. La madre de las chicas, había enfermado gravemente y nadie sabía cómo aliviar su mal. Tanto era su sufrir, que tenía a la familia sumida en una enorme tristeza. Un buen día, mientras Nereida cuidaba a su madre, Selena decidió salir en busca de un remedio para sanarla.

Selena, partió con su cesta en el brazo. Caminó y caminó por senderos azules, creía que le harían llegar hasta la tierra misteriosa donde encontraría  la sanación. En un sueño, un hada le había dicho que el árbol de la vida, le proporcionaría lo que deseaba. Lo encontraría en un lugar secreto, donde la maleza pierde su nombre convirtiéndose en un lugar encantado, allí donde brotaran las primeras flores del almendro. Selena, se alejaba más y más de su cabaña, tan ilusionada iba, que no pensaba mas que en hallar una cura para el mal de su madre. Paseaba embelesada, observando mariposas, pájaros, caminando sobre alfombras de florecillas silvestres, mientras aspiraba la magia que se elevaba en el aire.

En la cabaña, pasaban las horas y empezaban a inquietarse. Selena no llegaba y todos estaban muy preocupados. No sabían que había sido de ella y viendo que pasaban las horas y no aparecía, Nereida, decidió salir en su busca.

Caminó y caminó tras las huellas de su hermana, voceando su nombre por lo más recóndito del bosque, pero enseguida, comenzó a abrazarla el manto de la noche. En el camino, encontró un gran lago rodeado de brumas blancas, en él, vio flotar pétalos de rosas y supo, que Selena había estadio allí.

Observó como la luna emergía del lago, surgió desde el interior de las aguas, como por arte de magia. Siguió adelante y observó como el horizonte se ensombrecía concluyendo en una negrura absoluta y tenebrosa. Aterrada, tuvo el impulso de dirigirse hacia otro lado, donde brillaban las estrellas, que le mostrasen el camino, pero dominó aquel temor que casi no la dejaba caminar y siguió adelante hacia la oscuridad.

Durante su caminar,  percibió armoniosos acordes que salían desde aquella abismal tiniebla y se dejó llevar por aquella melodía.

Tenía la sensación de que sus pies no tocaban el suelo, se desplazaba como la bruma, despacio y vaporosa.  La melodía cada vez se oía con más claridad. La llevó hasta un campo de almendros en flor. En el centro se erguía un colosal árbol, con un tronco enorme y rugoso, multitud de ramas le caían en cascadas repletas de flores. El árbol estaba envuelto en un hermoso resplandor. Allí mismo, a pie del tronco, vio una cesta de mimbre y supo, que Selena había estado allí. Nereida, alzó su mano y cogió una flor de una de sus generosas ramas. En ese momento, desde el centro del tronco se abrió una puerta que la invitaba a pasar al interior.

Cuando se dirigía a traspasar la entrada, escuchó chisposas risas, acompañadas de pequeños destellos coloreados. Eran hadas diminutas, que revoloteando salían del interior del tronco escoltando a Selena. En su mano llevaba un saquito con frutos, una mágica cura, la única que lograría sanar a su madre de aquel terrible mal. Selena y Nereida regresaron a la cabaña con la cura en sus manos. Y colorín colorado este cuento se ha acabado...




El miedo es algo muy natural cuando va acompañado de sensatez y el vencer ese miedo es una verdadera valentía. 


 
Escrito por Margary Gamboa.Todos los derechos reservados.


2 comentarios:

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