jueves, 8 de agosto de 2013

EL HADA VIOLETA


Ocurrió un día cualquiera, donde existe la ilusión, que estando algo aletargada, tuve, una extraña ilusión. Pero aquello que creí que de un sueño era su don, no era más que origen de una dulce aparición. Por lo menos así, todo comenzó. 

Fue la primera vez que vi al hada Violeta, apareció de la nada, sin ninguna explicación. Asombrada, no daba crédito a lo que veía, las palabras atropelladas de mi boca, casi no querían salir. El entusiasmo se apoderó de mí y corrí hasta la puerta y de portazo la cerré para que no se marchara.

Sentí tan cerca su luz clara y cristalina que le dije: -No te escaparas-La quería para mí, para que su magia me abrazara por siempre jamás.

El hada parecía aterrada y huía despavorida revoloteando de un lado a otro de la habitación y yo sin darle tregua, la acosaba persiguiéndola sin dejarla recobrar el aliento.


Por un momento se detuvo en el aire. Se veía tan hermosa en lo alto de una estela, parecía una rosa entre un enjambre de estrellas. Estaba iluminada, desprendía una extraña aureola con un halo de color añil y no veía más allá,  que poder hacerme con ella.

-¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?-le pregunté. Mientras volaba y volaba sin quererse detener. Hacía rítmicos giros con airecillos suaves que desprendía de sus alas y con un sutil zumbido que se asemejaba, a la musiquilla de un arpa celestial.

Me subí en la mesita de noche para darle caza, en la silla, y salté hasta por encima de la cama, dando palmadas. El hada, aleteaba desesperada, inquieta, dando rápidos revuelos terriblemente asustada.  Para recobrar el aliento se escondió detrás de una taza, pero enseguida la encontré y antes de darle caza, se escapó otra vez.

¡Qué cúmulo de sensaciones! Me sentía fascinada, sorprendida, maravillada y al mismo tiempo, raramente  entusiasmada. Pero cada vez que parecía acercarme a ella, el hada huía rápidamente, sin que pudiera cogerla.

En un almohadón hecho de mullido algodón, allí se posó, exhausta, para recobrar el aliento. Al observarla cansada, enseguida, me abalancé sobre ella y ZAS. No medí bien mis fuerzas, con tan mala fortuna que le rompí una de sus alas.

Fue rápido, sin pretensión, pero el hada en un suspiro sin alma, se le agotó la magia y sin una de sus alas, se quedó.

Pobre hada, pobre ala, ¿qué harás ahora sin ella? ¿Qué es un hada sin magia? preguntó mi pensamiento sin que mis labios hablaran. Lo siento tanto, lo siento, lo hice sin intención.

Y el hada recostada en una esquina lloraba desconsolada, era tanto su sufrir, que su carita era el poema más triste de la constelación. Hasta las estrellas fugaces apagaron su resplandor. Y las flores de la dehesa, palidecieron de dolor.

El hada temblorosa y abatida se dejó vencer mientras me susurraba palabras tristes en el pensamiento.

-¿Cómo será no volar? será como morir en vida, como llorar sin lágrimas, como cantar sin voz.  Ya no podré reír con el viento, ni evadirme del silencio, ni esconderme entre una flor.


No pude soportar tanta amargura y sin más premura, cogí con cuidado al hada y también su ala y la guarde en el bolsillo.

Corrí y corrí hasta donde mis pies me llevaron. Me adentré en un lugar donde cada latido que manaba la tierra irradiaba caricias para el alma. Había árboles de colores y mariposas por todas partes. Una extraña luz lo cubría todo de un suave tono acaramelado. Había cisnes brillantes frente a un dorado estanque, donde la naturaleza desprendía magia por todas partes. Donde el lago de los deseos formaba parte de la magia que estaba a punto de comenzar…

Era todo tan impresionante que me pregunté ¿Será este el reino de las hadas? ¿Como lo podría saber…?

La cogí entre mis dedos y le dije: -Hadita mía, ten fe. Y fui cogiendo dos hojas y una flor, como se recoge el té, hasta formar un mullido colchón, donde la posé.

Enseguida comenzaron a aparecer hadas de luz, salían de todas partes, yo, maravillada, las seguía con la mirada, pero no podía moverme, me quedé, petrificada.

Se acercaron a ella todas y entre el cielo y la tierra se forjó una especie de pasadizo, por donde danzaban estrellas, por donde corrían ríos de oro, azucenas y mariposas. Y las hadas bondadosas, todas ellas, fueron tejiendo con su magia el ala malherida. Con hilos de amor, de gratitud, de ilusión, de belleza y de corazón. Así bordaron su ala, con puntadas de felicidad completa, para que recuperara toda su magia, el hada Violeta.

Al terminar la labor, el hada Violeta agitó sus alas y enseguida se elevó. Con su suave aleteo hacía sonreír al aire con delicado cosquilleo, mientras ella, reía alegre a carcajadas. Todas las hadas de luz se reunieron formando un círculo alrededor mía. Desde lo más alto se percibía un airecillo sonoro, y pudieron verse sirenas agitando sus colas en el río de oro.

Las hadas, todas ellas, susurraron al unísono en mi pensamiento, con exquisita levedad, palabras que parecían versos repletos de amabilidad, que fueron formando mares en mi entendimiento.
Me dijeron...
-Las hadas son libres como el aire, no pueden poseerlas los humanos, no están hechas para ser cazadas. Así son las hadas, de nadie, solo de la brisa o el viento, de cielo o la mar. Al humano que se  le conceda el don de ser visitado por un hada, pude dar gracias a Dios, porque será bendecido para siempre, con la magia y el amor.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

LA BELLA Y EL RUISEÑOR


Era ella, La Bella, la más hermosas doncella del campo de fantasía. Era feliz, toda ilusión y alegría, todo candor. Radiante como un flor de frescura inigualable, con un color rosado en las mejillas que se percibía envidiable porque nadie lo tenía, solo ella, La Bella, la mas preciosa doncella del campo de fantasía.

Desde pequeña se había criado con su amigo el ruiseñor y cada día La Bella y el ruiseñor entonaban juntos, bellísimas melodías.

La Bella cantaba con una linda armonía, tal dulce era su voz, que se igualaba en su acento al canto del ruiseñor.
Las notas que afinaban eran dulces sinfonías, nacidas en el corazón.

En el campo de la fantasía, al escuchar los cantares todas las flores se abrían. Era como el agua de la fuente de la vida ¡Que dulzura! ¡Que belleza! ¡Con que frágil sutileza moldeaban la canción! parecía una Diosa acariciando el viento el jardín del amor.

Un día, como otro cualquiera, sin ninguna explicación, La Bella salió a dar su paseo como todas las mañanas. Pero el ruiseñor no acudía a su llamada. Lo reclamó una y otra vez con mucha preocupación. Entonces ella, La Bella, fue incapaz de entonar su canción. De su garganta no salía ni una estrofa, ni una nota, ni ninguna entonación. Solo sufrimientos hechos de lamentos, de pesares y aflicción.

Se llevó vagando todo el día por el campo de la desolación. Y la noche se metió en sus ojos, en su alma, en su dolor, porque su mejor amigo no acudía.

A la mañana siguiente el campo se despertó. Las flores que lo adornaban habían deslucido sus colores. Ya no eran vivos, ya no eran encantadores. Ni siquiera el arco iris parecía de verdad, había perdido todo su encanto, toda su tonalidad y en vez de ser el campo de la fantasía, se había convertido, en un terruño de la desolación.

Pobre Bella, pobre hermosa doncella del campo de fantasía. No encontraba explicación para tan terrible agonía. Doliente, seguía llamando al ruiseñor, pero él seguía sin acudir. Y en su garganta, la angustia, y ni una nota que salir.

La bruma cubría todo el campo, todo lucía desolado, todo mustio, sentenciado a una muerte segura. Y La Bella, ya no era la más hermosa doncella del campo de la fantasía. Ahora era una simple plebeya deslucida por el dolor. Su pelo ya no era sedoso, ni largo, ni brillante, ahora era áspero y mortecino. Y su semblante, triste y anodino.

Recorrió una y otra vez todo aquel desamparo, en busca de su amigo ruiseñor. Y cuando iba a ceder de su empeño, echó la vista hacía un rincón muy apartado y vio un nido muy pequeño, junto a un tronco mustio y  apagado. Un nido con tres diminutos polluelos, casi sin pluma, agónicos y a puntos de sucumbir.

Lo cogió con delicadeza, y vio que bajo sus cabezas, lucía tímidamente algunas plumas azules. Anonadada, llevó al nido hasta su aposento, para darle calor y el sustento que necesitaban.

Pronto los polluelos renacieron en todo su esplendor, y conforme empezaban a afinar su canto, La Bella lucía cada día un poco mejor, entonando nuevas baladas, con una dulce melodía.

En el campo de la fantasía las notas parecían despejar la niebla. Las flores que un buen día deslucieron sus colores, comenzaban a encenderse como luceros celestes con tímidos resplandores.

Y ella, La Bella, volvió a ser la mas risueña con la mayor de las alegrías, la más linda y encantadora, la hermosas doncella del campo de fantasía. Radiante como una flor de frescura inigualable, entonaba sus lindos cantares. Y los pájaros cantores, con sus plumajes de colores y sus lindas melodías, todos los días le acompañaban, como lo hizo su madre, durante toda su vida. 

Autora Margary Gamboa.



martes, 20 de noviembre de 2012

EL ESPEJO DE LAS HADAS


Ella, La Bella, esa preciosa doncella del campo de fantasía, que cantaba bellísimas canciones de tan lindas melodías, un buen día sin saber como y por qué, empezó a cantar canciones, de un grupo muy yeyé.

Se pasaba el día peinándose la melena, rizándose las pestañas, descuidando sus tareas, y mirándose su linda estampa, en un espejo cruel.  Pobre Bella, aquel espejo no la dejaba ver más allá, de su propio reflejo mortal. Y como una estrella fugaz, fue apagando los destellos que le unían al campo de la fantasía y la magia de verdad.

¿Qué le pasaba a La Bella, que en las ninfas no quería creer? era bastante avispada, pero ya, casi no creía en la hadas porque había empezado a crecer. Y el campo de la fantasía envuelto en melancolía, poco a poco, se iba dejando vencer…

Todo era diferente en su propia habitación. Había renovado el ambiente, sin peluches, sin muñecas, sin cuentos, casi sin alegría. Era un cuarto deshabitado en un mundo limitado sin magia y fantasía, donde ya no cabía la ilusión.

Un día, sin justificación aparente, encontró en el suelo de su cuarto, un pedazo de cristal que brillaba reluciente. Miró a todos lados para ver si encontraba el espejo fracturado de aquel lumínico cristal. Pero no halló respuesta alguna que le diera explicación.

De aquel espejo salía un destello distinto a cualquier otro cristal. Brillaba con reflejos azules, y parecía vaporoso como tules de metal.

¡Que extraño se veía! Eso no le parecía normal. Se miró en él atentamente, y se vio envuelta de repente, en una bruma angelical.

Ella, La bella, se sentía diferente, con una frescura inusual. Flotando como entre la bruma de algún exótico lugar. Como cuando era pequeña, con esa ilusión ferviente que a nadie se le debe robar.

Se encontró frente a frente con la dueña del lugar. Era el hada de los tiempos, la dueña de aquel espejo asombroso, que dota a las persona de la eterna ingenuidad. La que regala los sueños, la que te cubre de ensueños por toda la eternidad y le dijo:

-Nunca abandones la inocencia, nunca sucumbas a la desesperanza. Y aunque crezcas, envejezcas o pierdas la confianza. Aunque los años se esfumen como el humo o el vapor, yo estaré ahí  presente dentro de tu corazón, y hallaras siempre un sitito, para la imaginación.

Y ella, La Bella, aunque seguía siendo la mas bella, se dio cuenta de sus errores y le pidió al hada perdón. El hada le regaló el espejo para que  se mirara siempre con los ojos de la ilusión. Y ella, La Bella, como una estrella se sentía y con las hadas bailó entonando sus lindas canciones en la isla de la fantasía.

Autora Margary Gamboa.



sábado, 10 de noviembre de 2012

MI MUNDO PERFECTO




Siempre  que salgo al jardín lo hago a solas, sin que nadie pueda verme, feliz de mi soledad, con ansias de fantasía y mi libro bajo el brazo. Llevo puesta una sonrisa  y mi melena suelta al viento, con un sombrero de flores y los ojos muy abiertos, deseosa de traspasar la frontera que me lleva, hasta mi mundo perfecto.

En mi rosaleda, tengo un rinconcito especial, es como una habitación pero sin paredes, como techo, el cielo con nubes de algodón y de asiento, un cojín hecho de flores con perfume de limón. Aquí, nadie puede entrar si no tiene invitación. Creo que si me descubren, desaparecerá el encanto con el soplar del viento. Me siento tan feliz en mi mundo, como si fuese una princesa encantada que ha salido de uno de mis cuentos.

El paisaje, cada día es diferente,  se envuelve en un aura de ilusión, con brillos de esperanzas que me despejan la mente y entonces... le voy dando riendas sueltas a mi imaginación.

He conocido a un hada, ella es maravillosa, azul como mismo cielo, a un unicornio alado que al escuchar mi voz, trota deprisa y contento, duendes que todo lo saben, mariposas de colores y numerosas aves que danzan con zapatillas doradas, entre vaporosos vuelos entre nubes algodonadas.

Me gusta esa sinfonía clara que resuena en campo abierto. El croar de las ranas del estanque y el silbido del viento, los suspiros de los duendes que se dispersan con el canto de algún pájaro pasajero.

He atado al arco iris con un lazo de cristal y volado sobre el cóndor, en su  majestuoso vuelo. Ha sido tan especial, una auténtica maravilla como fui surcando el cielo. Volé tan alto, que casi toqué a un lucero, y mi corazón pegó un brinco queriendo salir del pecho.

Le he contado al hada azul que una vez fui sirena, en uno de mis sueño. Que lo dibuje en lienzos del paraíso, con colores indelebles, con acuarelas de ensueño.

Y cuando observo entre luces que el crepúsculo viene a mi encuentro, un místico velo se cierne sobre el jardín y va esparciendo despacio un halo inigualable de poéticos sentires y ya, ni las mariposas, ni sus colores, ni el aroma de las flores se pueden definir, todo se va en un sentir, quedando difuminado.  

Y aunque florezcan nuevos capullos en mi querida rosaleda, ni el perfume, del jazmín, ni la vida, ni la alegría, se distingue cerca de ella porque al divino vergel, le va rozando el ocaso y sin poderlo remediar va perdiendo su encanto. Cargada de sentimientos abandono mi mágico edén, dejando mi alma en él y mi vida hecha silencios.

Entonces, espero hasta que un nuevo día brille, como cristales selectos y vestida de fantasía vuelvo a salir al jardín, llevo puesta una sonrisa con la mirada encendida y mi libro bajo el brazo, y...Ya soy la princesa encantada, soy el hada madrina o la sirena de un cuento, soy quien yo quiera ser, siempre... En mi mundo perfecto.


Autora Margary Gamboa.©Todos los derechos reservados

domingo, 4 de noviembre de 2012

A LA HORA DE LAS HADAS



Fue, a la hora de las hadas, las que agitan con sus alas, en la noche misteriosa, las oscuras horas sin luz. En un lugar tenebroso, donde brincan disfrazados vampiros, momias y espectros pegajosos, en un desfile sin fin.

También habían brujas malvadas, esas indecentes verrugosas que asustan con sus feas caras y hacen vudú. Se mezclan disimuladas entre personas con disfraz, cometiendo actos  del mal y en vez de volar con alas, utilizan escobas de bambú. 

Salio Casilda con su hermano, lo llevaba de la mano, disfrazo de esqueleto, con huesos brillantes como la luz, que causaban mucho respeto. Ella era más presumida y vestía de hada madrina, con un vestido de rosado tul.

De pronto, una bruja maliciosa con risa poco común y con figura escabrosa que daba un miedo atroz, dio un giro inesperado, sin saber como y por qué, con un golpe muy certero, ZAS. Arrancó el brazo de Josue. El niño gritaba y lloraba angustiosamente. La sangre corría a raudales por su disfraz y con su otra mano se aferró al traje rosado de Casilda y el vaporoso velo, se quebró al trasluz. 

Fue una de las hadas, la más pequeña de todas, la que halló sumido a Josué en un llanto aterrador. Cogió el brazo del niño, con mimo, abracadabra y mucho cariño, lo colocó en su lugar. 

Le pregunto a la niña y no supo contestar. Interrogó a las arpías, esas con rostro de mujer y cuerpo de ave rapiña y no dio con la que fue.  Pero cuando llegó a la bruja malandrina, que estaba apartada riéndose a carcajadas en una de las esquina, con mirada ensangrentada y risotadas asesinas, le preguntó si ella fue.

 –NO- Gritó la muy embustera.

 Pero el hada virtuosa era bastante astuta y entonces…Descubrió el pastel.

Cogió a la bruja asquerosa, en un renuncio falaz y tirando del disfraz vio que no se despegaba, que era bruja de verdad. 
Tiró de su escoba, con una fuerza mordaz, aleteo sus alitas y salpicándola de estrellitas, la envió de un empellón, al mas oscuro rincón que te puedas imaginar, donde cumplen castigos las brujas malas, esas con verrugas peludas, nariz muy afiladas y uñas de caracol.

Fue allí, en un lugar tenebroso, a la hora de las hadas, las que agitan con sus alas en la noche misteriosas, las oscuras horas sin luz, donde brincan disfrazados, vampiros, momias y espectros pegajosos en un desfile sin fin.

Autora Margary Gamboa.


domingo, 26 de agosto de 2012

AL BORDE DE UN SUSPIRO



La encontré, en el bosque de la esperanza. Estaba, allí sentada, al borde de la fantasía,
sus pies colgaban meciéndose con el agua.

Llame su atención,  parecía ensimismada, miraba a dos cisnes que elegantemente
nadaban en el lago de la ilusión y a las mariposas que hacían giros etéreos,  
para posarse sobre el árbol del amor, un enorme Cersis, que lucía sus flores malvas.

Le dije − Te he traído un regalo y ella, alzó su mirada y me sonrío.

Posé cuidadosamente, dos alas sobre su espalda. Enseguida comenzó a elevar sus pies del agua, su  cuerpo subía despacio, ágil, como una pluma, ya no le pesaba nada.
Sutil, vaporosa, ella estaba encantada. Y su silla de ruedas quedó, bajo su atenta mirada. Cada vez la veía más pequeñita, hasta el punto, de no darle importancia.

Se elevó sobre el camino, sobre las flores y sobre las ramas. Subió hasta las nubes y ávida de conocer su destino, agitaba con fuerzas sus alas.

Comenzó a reír alegre, se sabía afortunada.  Jugó allá en lo alto, suspirando con sus alas, había descubierto un nuevo mundo donde todo era posible, un mundo diferente erguido por el encanto de la mágica.

Un universo distinto, donde la pena no cabe porque la felicidad, es la reina
y ella, la princesa mas mimada. Y siguió volando, surcando mares y subiendo montañas como un espíritu divino.
Ya no parecía necesitar mi ayuda y me fundí en el borde de un suspiro, en las plumas de sus alas, esperando que este hechizo fuera eterno  y nunca jamás, se agotara. 


Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.


Gracias al Castillo Mágico de poetas por este reconocimiento


viernes, 10 de agosto de 2012

A LA LUZ DE LAS FOGATAS


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Ocurrió, una noche, bajo el calor de la fogata,  la niebla sobre el pantano
cubría su desnudez, y la luna a su vez, despertó más bien temprano.

A la hora de las tinieblas,
allí se puso a relatar, el mas bravo charlatán,
historias que el vello encrespa
sin ninguna compasión.

En aquella reunión
comenzaron a salir elfos de dos en dos, las hadas de las campiñas,
la reina de la luz,
y un ogro con un arcabuz
que disparaba todo el rato.

La niña, la más chiquita, lloraba aterrorizada, sus lágrimas todas, empapaban la puntilla del filo de sus enaguas,  y sin saber como y porque,
de una lagrima brotó, una hadita de las aguas.

Y le dijo:

-Pequeña chiquilla ¿Porque lloras tan apenada? No ves que no hay mala intención,
son historias de cuartel, que se cuentan sobre el mantel, o a la luz de las fogatas.

Las hadas, todas ellas buenas son, y si hay algún bribón como el ogro de las balas,
cierra los ojos y piensa con el corazón, veras como desaparece y la reina de las hadas
con un beso en la frente, te dará su bendición.

Margary Gamboa.© Todos los derechos reservados

Gracias al Castillo mágico de poetas por este premio.

jueves, 24 de mayo de 2012

EL REINO DE LAS HADAS







No es producto de mi imaginación, ni de tradicionales leyendas, es, el recorrido de ensueño, por donde transitan las sendas virtuosas que nos llevan desde lo real, a los sueños. Es justo allí donde existe, el Reino de las Hadas. Yo un día vi a una, volaba entre las flores, parecía una mariposa alada, pequeña, suntuosa y delicada.

Sigilosa, la perseguí disimulada, como quien no quiere la cosa. La aceché y cuando me demoraba por cualquier cosa, ella parecía que me buscaba. Me dio la impresión de que pretendía que la acompañara.
Fui bordeando el río, tras ella, para ver hasta donde llegaba. La seguí hasta una pequeña gruta, donde la luz se duerme, donde lo lóbrego manda.
Se ocultó entre túneles de aguas, donde no penetra claridad alguna, pero la luminosidad que desprendía, la delataba.

La gruta era pétrea y empinada. Superé cada obstáculo que se me presentaba hasta llegar a la salida de aquella cueva atezada. Ella, salió de aquella sombría gruta tan exquisita como entraba y yo, salí tras ella, sabiéndome observada.

Al fondo distinguí un frondoso bosque. Yo, estaba como hechizada. Y se me fueron hicieron añicos todos los esquemas, porque aquello me parecía tan divino, como liberado de un delicado poema.

Mas el cielo no era de color azul, si no añil, y las nubes, anaranjadas.
Los pájaros en todas ellas se columpiaban y todos aquellos espíritus divinos parecían tan felices, que reían a carcajadas.

Había multitud de flores de delicados aromas y colores y cada vez aparecían más hadas, una tras otra, envueltas en suaves rumores, entre mágico vuelos y cánticos de amores.
Eran preciosas, delicadas, de la más exquisita de las bellezas, todas ellas parecía divertirse, meciéndose entre las ramas, henchidas de naturaleza.

Sus ropajes eran vaporosos puros, de tules y seda, que se confundían con sus alas. Todas llevaban diademas con campanillas doradas.
Parecían tan sutiles, fascinantes y etéreas. Todas ellas aleteaban y al batir sus delicadas alas, susurros mágicos regalaban. Era como el Edén. Había pavos reales vestidos con espesos plumajes de brillante satén y  suave seda. Abrían sus colas de colores, como sutiles acuarelas.



Fue asombroso, la curiosidad me dominaba. Lo fui viviendo como si estuviese dentro de un cuento y conforme transcurrían los acontecimientos, se me fue desplegando el abanico de inocencia, que aun conservaba. 

Encontré por casualidad un cobijo exquisito, donde siempre es primavera, donde la dulzura existente se transfigura, en leal compañera. Entre su mundo y el mío, no hay límites ni fronteras, solo es un delirio ilusorio de una pequeña quimera.

Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados


viernes, 11 de mayo de 2012

EL DESEO DE VICENTE




Está nervioso Vicente, la noche llegó temprana y la papilla sobre la mesa, está reposando templada.


El niño observa paciente, la noche en su ventana y de repente advierte, a la luna descarada.
Empecinado, el chiquillo balbucea,  señalando al ventanal, con un lápiz en la mano.

Vicente cierra la boca y protestando chilla, el pequeño incomprendido 
no quiere tomar su papilla.

La madre, insiste con la cuchara y le hace el avioncito, el niño sella la boca, chapurrea y toda la cucharada en la cara le espurrea.

– ¡Que le ocurrirá a este niño que no consigo entenderlo!
Y la sufrida mamá observa como Vicente desliza, el lápiz por su cabello.

El niño insiste enojado, señala a la cristalera y la papilla inunda su babero de franela.

Nadie le sabe entender, nadie comprende su deseo
y él solo quiere dibujarle, a la luna, un sombrero.

Margary Gamboa.

sábado, 14 de abril de 2012

EL JARDÍN DE LAS ROSAS




Debo suponer que siempre estuvo allí, pero anduve tantas veces por el mismo sitio y nunca lo vi. Hasta ese momento, en que los rayos del sol bañaban la piedra y entre los dedos trepadores de la hiedra, un rayo de luz se reflejó en un punto exacto. Solo por un segundo se hizo visible la barrera que nos separa del otro lado. 

Me produjo un gran impacto y sin pensarlo dos veces, crucé una cortina de agua y vi, el jardín de las rosas, donde las risas se vuelven chisposas y miles de campanillas caían en cascadas. 
Había también un camino de flores y plantas de caramelo.
Sobre el agua cristalina, nenúfares y lirios de limpios colores. Y el cielo era del mismo azul que la mar.
¡Que precioso lugar! Parecía el país de los sueños donde vive Peter Pan.



Me apresuré sigilosa, quise saber mucho más. Vi una luz muy brillante, que se me hacía cegadora. Fui hasta allí sin demora, desde donde pude ver con claridad un dorado estanque. Un cisne de tal belleza, flotaba en solitario y una familia de patos nadaba con delicadeza. 

Y de aquellas aguas cristalinas que parecían tan serenas, salía una melodía hechizadora que quitaba las penas.

Los árboles, todos ellos parecían de acuarelas. También lo parecían las nubes que de algodón de caramelo eran. Y el campo era en si, todo una autentica maravilla. Una alfombra divina de colores muy dispares, rojo, verde, rosado, amarillo y un geranio colgante color malva. Allí en aquel lugar tan deslumbrante miles de mariposas azules revoloteaban entre anaranjados tules del alba.



¡Que lugar tan asombroso!  Las hadas salían de todas partes. 
Me rodearon enseguida y cubrieron mis ropajes con un polvillo luminoso. 

Era magia sin duda y sin necesitar ni una pizca de ayuda me dispuse a volar…Fue un instante etéreo y me di cuenta que aquellas pequeñas hadas tenían un plan. 

Todas ellas me escoltaron y hasta el cielo me elevaron sin que me pudiera negar. 

Desde lo más alto del todo, aquel jardín de las rosas fue apagando sus colores y todas las mariposas fueron cayendo al mar. Y todas aquellas flores que tanto resplandecían, se convirtieron en lágrimas de cristal.


La tristeza desde el aire, en aquel lugar se hizo evidente sin poderlo remediar.

Fui saltando de nube en nube, volando sin flaquear.  Los luceros me miraban y yo les saludaba sin más, como si fuera normal volar entre ellos.
Miré hacía tras un segundo por pura curiosidad  y vi que iba dejando una estela luminosa, como una estrella fugaz.

Por fin llegué a mi destino, un lugar diferente, donde lo normal no es normal, si no divino. Me escoltaron hasta un palacio cristalino, donde el llanto de un niño era estridente y constante. Eran tal los alaridos que se rompía al instante todo sosiego y toda paz.

Pobre niño!- gritaba la reina.
-¿Es que nadie lo puede calmar?
Las hadas, todas ellas se agruparon en un coro celestial.
Me ordenaron… -¡Hazlo callar!

¿Y como podía aliviar yo el llanto de un niño de un palacio celestial?

Le dije:-Te contaré un cuento y empecé a relatar…
He conocido un lugar donde las noches no existen, donde hay animalillos de chocolate y mermelada para merendar…
He visto una cortina de agua, una cascada de campanillas, un cisne muy singular y una familia de patos que nadaban todo el rato en un estanque sin igual. 

Un jardín de rosas donde las flores son hermosas. Había también un largo camino de flores y plantas de caramelo con multitud de colores, para los niños buenos que han dejado de llorar…


El niño, me escuchaba atento a la vez que sonreía, parecía divertirse y sin darse cuenta, dejó de llorar.    

El llanto del niño ceso. Y las hadas de mi cuento, felices y agradecidas  para celebrar el evento, campanilla de colores empezaron a tocar.

En el palacio transparente como el cristal, la calma se hizo evidente y por fin, el silencio pudo reinar. Fue así como calme el llanto de aquel niño celestial. Y regresé por el viento a aquel lugar tan especial, al jardín de las rosas, donde las risas se vuelven chisposas y los cuentos, se hacen realidad.

Margary Gamboa.

domingo, 26 de febrero de 2012

EL IMPERIO PERDIDO


Mi sitio estaba en la cúspide, en el grandioso imperio de las alturas, un mundo mágico, erguido en el celaje. Pero mi reino fue destruido sin compasión. Hundido por una fuerza sobrenatural, una fuerza aún más poderosa que mi propio poder, que hizo desaparecer absolutamente todo. Lagos de luz clara, montañas y ciudades, todo se alzaba entre las nubes y en la cima, mi palacio. Un mundo construido por la bondad y los sueños de los hombres y destruido por el egoísmo, por el infundio de ellos mismo. Todo mi Universo se había desmoronado como un terrón de azúcar. Desde ese momento solo las estrellas son dueñas del espacio que ocupaba mi universo. Solo ellas relucen entre las ruinas.

Una diosa no debe ver a su propio pueblo como desaparece.
Miré a todo mí alrededor y solo veía destrucción, las ruinas de lo que fue mi gran imperio de las nubes.
Al principio fui consciente del descenso. Sentía como mi cuerpo caía apresuradamente, y poco a poco fui perdiendo la consciencia.

Cuando la recuperé, me sentía perdida en un mundo que no era el mío, un mundo al que no pertenecía. Me encontraba sumergida en las profundidades del océano. Las aguas que yo misma había observado tantas veces desde las alturas y ahora estaba bajo su dominio.
Un afligido y armónico llanto brotaba de mi garganta sin mesura, mientras derramaba miles de penosas lágrimas que se diluían en el mar. Observé con atención todo el entrono y solo alcanzaba a ver aquel liquido elemento por todos los aledaños.

Estaba perdida. La única opción que me restaba era nadar. Pero ¿nadar, hacia donde? Para mí, era difícil ubicarme. Cerré los ojos y comencé a nadar hacia ninguna parte. Era curioso, pero me sentía sutil, vaporosa. Eso de nadar era casi como volar entre las nubes de algodón.

Pude hacerlo con tanta soltura que parecía que formaba parte de ese principio. Abrí los ojos y observé como en la lejanía tintinea una luz muy brillante. Parecía un gran lucero, pero sabía que no era posible, ya no estaba en las alturas. La curiosidad se apoderaba de mi por momentos y sin pensarlo, mi hábil nado me acercaba hacía aquella brillante luz.

Mi sorpresa iba en aumento y poco a poco fui descubriendo lo que escondía aquella luminosidad. Se trataba de una ciudad maravillosa hundida en las profundidades del mar. La corriente me iba arrastrando entre los edificios de la ciudad submarina, sin que yo hiciese el menor esfuerzo. Justo al final de la avenida se hallaba la edificación más majestuosa de todo el Reino. Un esplendoroso palacio. 

Hacia mí, se acercaba tocando un solo de trompeta Tritón, el Dios mensajero de las profundidades marinas. Me pareció de una belleza extraordinaria, una mezcla ente hombre y pez. Me extendió con gentileza su mano y me dijo que venía a llevarme hasta Palacio, para presentarme ante su padre que era Poseidón, el Dios de todos los mares.

Toda la corte marina se hallaba frente a Palacio. Un séquito de sirenas  presentaba sus respetos ante el Gran Poseidón. 

Yo, Néfele, la Diosa de las nubes afligida, seguía armonizando mi pena. Le conté lo ocurrido en mi imperio y Poseidón, tocó mi rostro con sensibilidad recogiendo una  de mis lágrimas y aquel infinito penar la convirtió, en lágrima de cristal.


Me dijo:  -No te apures Néfele, desde ahora este será tu nuevo reino.



Enormemente agradecida, le dije que no podía aceptar, por que no pertenecía a ese mundo, que me sentiría prisionera y sin remedio, moriría. 

Era vital para mí, alzar de nuevo  mi propio Imperio.  Lo único que necesitaba de él, era que me ayudase a recuperarlo.

-Te ayudaré si tú me ayudas a mí-respondió.

-¿Como puedo ayudarte?


-Veras Diosa Néfele. 

Soy muy poderoso, y mi poder radica en las almas que obtengo de los barcos hundidos, cuanto más barcos se- hundan en las profundidades de todos los mares, mi poder se va haciendo infinito. 

Pero estoy exhausto de utilizar mi furia en esculpir tormentas, en moldear fuertes huracanes, en levantar grandes olas para hundir a esos barcos. Necesito de alguien tan extraordinaria como tú, que embelese a los marineros con ese maravilloso canto. Quedaran hipnotizados por tu enigmática voz y dirijan sus barcos para alcanzar tu canto, y tu los conducirás hacía un punto en concreto. Ese punto se hallará entre  un área geográfica con forma de triángulo, situado en el océano Atlántico entre las islas Bermudas y Puerto Rico. Todos los barcos que naveguen por esa zona caerán bajo tu hechizo y pasarán a formar parte de mi poderoso imperio. Solo así, te ayudare a recuperar tu reino.
-¿Que podía hacer yo? ¿Qué es una Diosa sin reino?  

Después de meditarlo tuve que aceptar. Me proporcionó una escolta de preciosas sirenas, para que me acompañaran en la expedición.


Llevo una eternidad cumpliendo mi trato, el cual, aún me sostiene en este mundo al que no pertenezco. Un pacto que parece no llegar nunca a su fin. Esperando a que su poder se haga tan infinito como para que me ayude a reconstruir de nuevo mi reino. Pero cada día sigo suspirando con un triste llanto melodioso, un canto a la tristeza de tener que matar para conseguir de nuevo mi imperio perdido. La tristeza de saber que se destruyó por el egoísmo de los hombres y solo se reconstruirá por la ambición de un poderoso Dios.

Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados


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sábado, 3 de septiembre de 2011

LA MÁGICA BENDICIÓN



La mágica bendición, así es como se denomina el día de las fiestas de  ese maravilloso municipio. Oficialmente se celebran en la comarca desde mediados del siglo pasado, concretamente, desde que se inauguró el parque. 
El extraño encanto se hace real exclusivamente, en esa única noche, recorriendo palmo a palmo todos los rincones del lugar.

En esa gran noche, la magia envuelve a todo el entorno y a sus habitantes en un encanto especial. Niños y mayores destierran lo convencional y se trasforman en pequeñas hadas, duendes, dríadas, en brujas y hechicero, creando así, un mundo de ensueño colectivo.


El  parque es el espacio del encuentro oficial, se adorna con exquisita y delicada belleza. Todo da comienzo sobre las doce de la noche. Las luces de las farolas se apagan y las luciérnagas tintinean, revoloteando por todo el parque. Los pequeños farolillos de cientos de colores comienzan a lucir y el recinto se ilumina radiando una fascinante luz. En ese maravilloso momento todo comienza a envolverse en pura magia.

Los Duendes acampan a sus anchas por todo el parque. Las Hadas con su alma de cristal,  revolotean esparciendo estelas de estrellas, jugueteando y riendo a carcajadas. Las Ninfas, esos espíritus divinos, son realmente fascinantes, sus delicados rasgos embelesan. Ellas se dedican a esparcir destellos de amor para curar a los enfermos del mal de amores. Las ninfas de los bosque, llamadas Dríadas, salen de sus árboles y aletean con sus alas de colores para proteger al pueblo de malos augurios. Los hechiceros, con sus bolas mágicas, ven el futuro que se avecina, pregonándolos a los cuatro vientos. En grandes calderos elaboran brebajes que alivian las dolencias del alma y dan a beber de sus pócimas mágicas. Las hechiceras, favorecen al los espíritus libres. Las brujas empiezan a hacer de las suyas pero las hadas contrarrestan los maleficios con sus varitas mágicas.

Durante esa gran, asombrosa y maravillosa noche ocurren cosas verdaderamente sorprendentes, tan extraordinarias que durante el resto del año jamás de los jamases ocurrían. Todo es, tan especial !tan autentico! Pero a la mañana siguiente, todo vuelve a la normalidad. De la gran noche solo quedan las guirnaldas y los adornos de colores que engalanaron el parque. 
Los habitantes del lugar no comentan nada de lo ocurrido, como si no hubiese sucedido, pero parecen sumidos en un bienestar inexplicable. 
Para ellos, lo que ocurre en la noche mas especial del año, no es fantasía, es tan real como la vida misma. 
Son conscientes de que el mundo real es mucho más pequeño que la imaginación, y saben que el poder de la mente jamás cabrá en el universo, así que en la gran noche de La Mágica Bendición, dan riendas sueltas a la imaginación, y la magia, sencillamente, está ahí.  

Margary Gamboa.
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miércoles, 31 de agosto de 2011

EN BUSCA DE LA FELICIDAD



Las pruebas del Camino Iniciático y el SuperHombre: CUENTOS DE HADAS

Ocurrió en época muy lejana, cuando un místico sujeto, decidió ir más allá de lo que conocía, buscando algo que por más que buscaba, no lograba encontrar. 


Era tremendamente rico, tenía de todo lo que se podía desear, pero el sentía que le faltaba algo tan sustancial, algo que le resultaba realmente, imprescindible.

Un buen día, partió sin rumbo fijo hacia tierras muy lejanas, convencido de que el algún lugar hallaría lo que anhelaba. 

Anduvo día tras día, largo, largo, mas allá, buscaba y buscaba, pero no lograba encontrar, a eso que tanto buscaba. 

Llegó a la estación de ferrocarril buscando el tren que le llevase hasta la estación de la felicidad, pero no encontró ninguno con ese destino. 
Fue lejos en la distancia, surcando mares, recorriendo bosques, buscaba y buscaba sin, ni siquiera, descansar. 

En un alto en el camino, a la orilla de un extenso río, le salió al encuentro un jovenzuelo charlatán. Con mucha astucia, trató de venderle lo que andaba buscando. Pero solo se trataba de alguien, con la intención de robarle. 
En su búsqueda por los caminos, encontró a una anciana desvalida. Se ofreció a ayudarla y cuando descansaba la anciana le despojó de lo poco que le quedaba. 

En su largo viaje por tierras y mares, conoció el egoísmo, la mentira, la falsedad, pero por mucho que lo intentaba no lograba hallar lo que andaba buscando. 
Cansado de los caminos y de tanta contrariedad decidió volver a casa con las manos vacías, sin haber hallado más que su propio ego vapuleado.


De vuelta a su hogar, su hijo menor fue corriendo emocionado en busca de su padre. Una mágica sonrisa, una caricia sin más, un beso en la mejilla, un suave susurrar y el tacto de la manita que su pequeño ¡Que maravillosos sentimientos! La felicidad, aquel sueño que creía inalcanzable, habitaba en su corazón, solo tenía que abrirle la puerta.

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La felicidad ni se compra ni se vende. El secreto de la felicidad está en el interior de cada uno, no depende de lo que tenemos, si no de lo que somos.


Margary Gamboa.


domingo, 28 de agosto de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA



Hace mucho, mucho tiempo, en los confines del mundo se hallaba un lugar realmente encantador, lo rodeaba un frondoso bosque donde habitaban animalillos de multitud de especies. Un río de aguas cristalinas lo bordeaba, en su orilla, flores de mil colores lo adornaban.

En mitad de aquel mágico lugar había una pequeña cabaña habitada por un  humilde matrimonio de granjeros. Aunque algo mayores, esperaban ilusionados el nacimiento de su primer hijo. 

Se sucedieron las lunas, una tras otras hasta que llegó la hora del alumbramiento. Para sorpresa de los afortunados padres, llegaron al mundo dos criaturas idénticas como dos gotas de agua. Fue el acontecimiento más maravilloso que jamás había ocurrido por aquellas tierras. Jamás de los jamases, habían nacido allí, dos criaturas idénticas y humanas a la vez. 

Nereida y Selena llegaron al hogar en la octava luna de un mes de octubre.  Las dos bellísimas, de delicada  tez y cabellos dorados, heredaron los ojos azules de su padre, y todos los encantos de su bella madre.

Crecieron libres como las aves, felices,  jugueteaban en los plateados prados que arrullaban su infancia, propias de princesas de cuentos.

Eran inocentes y soñadoras, siempre inseparables trotaban y jugueteaban como potrillos salvajes. Solas, en aquel lugar, vivían en su propio mundo imaginario. Cada vez que salían a pasear por el bosque, creían ver pequeñas hadas revoloteando a su alrededor. Solían imaginar que algún día las llevarían a volar, un mágico vuelo, en un paseo por las nubes.

Su madre, siempre les hacía bajar de sus nubes advirtiéndoles, que las hadas no existían, que no fantaseasen con tanta imaginación.  Los pies en el suelo, les solía decir una y otra vez.

Pero en la primavera de su décimo cumpleaños, todo se tornó en sombra sobre la cabaña, se auguraban malos momentos. La madre de las chicas, había enfermado gravemente y nadie sabía cómo aliviar su mal. Tanto era su sufrir, que tenía a la familia sumida en una enorme tristeza. Un buen día, mientras Nereida cuidaba a su madre, Selena decidió salir en busca de un remedio para sanarla.

Selena, partió con su cesta en el brazo. Caminó y caminó por senderos azules, creía que le harían llegar hasta la tierra misteriosa donde encontraría  la sanación. En un sueño, un hada le había dicho que el árbol de la vida, le proporcionaría lo que deseaba. Lo encontraría en un lugar secreto, donde la maleza pierde su nombre convirtiéndose en un lugar encantado, allí donde brotaran las primeras flores del almendro. Selena, se alejaba más y más de su cabaña, tan ilusionada iba, que no pensaba mas que en hallar una cura para el mal de su madre. Paseaba embelesada, observando mariposas, pájaros, caminando sobre alfombras de florecillas silvestres, mientras aspiraba la magia que se elevaba en el aire.

En la cabaña, pasaban las horas y empezaban a inquietarse. Selena no llegaba y todos estaban muy preocupados. No sabían que había sido de ella y viendo que pasaban las horas y no aparecía, Nereida, decidió salir en su busca.

Caminó y caminó tras las huellas de su hermana, voceando su nombre por lo más recóndito del bosque, pero enseguida, comenzó a abrazarla el manto de la noche. En el camino, encontró un gran lago rodeado de brumas blancas, en él, vio flotar pétalos de rosas y supo, que Selena había estadio allí.

Observó como la luna emergía del lago, surgió desde el interior de las aguas, como por arte de magia. Siguió adelante y observó como el horizonte se ensombrecía concluyendo en una negrura absoluta y tenebrosa. Aterrada, tuvo el impulso de dirigirse hacia otro lado, donde brillaban las estrellas, que le mostrasen el camino, pero dominó aquel temor que casi no la dejaba caminar y siguió adelante hacia la oscuridad.

Durante su caminar,  percibió armoniosos acordes que salían desde aquella abismal tiniebla y se dejó llevar por aquella melodía.

Tenía la sensación de que sus pies no tocaban el suelo, se desplazaba como la bruma, despacio y vaporosa.  La melodía cada vez se oía con más claridad. La llevó hasta un campo de almendros en flor. En el centro se erguía un colosal árbol, con un tronco enorme y rugoso, multitud de ramas le caían en cascadas repletas de flores. El árbol estaba envuelto en un hermoso resplandor. Allí mismo, a pie del tronco, vio una cesta de mimbre y supo, que Selena había estado allí. Nereida, alzó su mano y cogió una flor de una de sus generosas ramas. En ese momento, desde el centro del tronco se abrió una puerta que la invitaba a pasar al interior.

Cuando se dirigía a traspasar la entrada, escuchó chisposas risas, acompañadas de pequeños destellos coloreados. Eran hadas diminutas, que revoloteando salían del interior del tronco escoltando a Selena. En su mano llevaba un saquito con frutos, una mágica cura, la única que lograría sanar a su madre de aquel terrible mal. Selena y Nereida regresaron a la cabaña con la cura en sus manos. Y colorín colorado este cuento se ha acabado...




El miedo es algo muy natural cuando va acompañado de sensatez y el vencer ese miedo es una verdadera valentía. 


 
Escrito por Margary Gamboa.Todos los derechos reservados.


LIBRO DE VISITAS

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