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martes, 23 de agosto de 2011

ELISA, LA PEQUEÑA EMBAJADORA

                                                    ELISA, LA PEQUEÑA EMBAJADORA


La pequeña Elisa estaba tan nerviosa que no podía conciliar el sueño. 

Daba vueltas en la cama como una perinola. Nunca hasta entonces había vivido esa sensación. 

Pasada la media noche, por fin logró confortase entre sus mantas y mantenerse unos instantes inmóvil, y poco a poco, el sueño fue ganándole terreno.

A la mañana siguiente, en cuanto los rayos de sol entraron en su alcoba, dio un salto y se incorporó de inmediato. Estaba tan ilusionada, que no veía el momento de empezar con el ritual de las vestiduras.

La pequeña, por aquel entonces, solo tenía nueve años y era la primera vez que se vestía de fallera. 

Su madre, antes de ataviarla con el traje, cepilló su sedosa y larga melena y con gran destreza elaboró el peinado que luciría en la fiesta. Colocó la peineta y los aderezos dorados con perlas blancas que había heredado de su abuela; los guardaba con gran cariño, como si fuera un auténtico tesoro. 

Luego, le colocó el pololo blanco plisado, con encajes en los bordes, las enaguas y el can-can, y por último, lo más deseado por la pequeña, el traje. 

Una pieza especialmente confeccionada para ella. Bordada con multitud de flores e inspirada en el siglo XVIII, con corpiño de manga larga de raso, de color dorado con dibujos de pavos reales y rosas, y manteleta ilustrada con pájaros y flores.

Para concluir, solo le quedaba acomodarse dentro de los zapatos que eran del mismo tono que el vestido, forrado de seda rosa.

Cuando terminó con la ceremonia del equipamiento, su madre la miró detenidamente, la invitó a dar una vuelta sobre si misma y en silencio, se dirigió al cajón de la cómoda. Tomó de él un precioso collar regalo de su abuelo y lo colocó con delicadeza en el cuello de la infanta. Las lágrimas de su madre corrieron por sus mejillas mientras observaba la belleza que tenía antes tus ojos.

Elisa estaba realmente preciosa, parecía una princesita que por arte de magia se había escapado de un cuento de hadas.

Salió de paseo luciendo su traje como una orgullosa princesa, de camino al pasacalle.

Las calles lucían preciosas, repletas de flores, con especial olor a pólvora.   

La pequeña Elisa, paseó junto a las majorette, los muñecos Disney y un sin fin de protagonistas de cuentos. Las bandas de música tocaban por todo el paseo. Un exquisito aroma a algodón de caramelo y dulce garrapiñada, flotaba en el aire. Las fiestas lucían en todo su esplendor y la pequeña estaba encantada.

En el recinto del parque las falleras infantiles se alzaron para recibirla. Hicieron la presentación a su corte de honor. Cada una de las infantas mostraba un elemento. 

El colorido, la magia, la sonrisa, la música, el corazón, las flores, el fuego y los sueños.

A Elisa todo le parecía de ensueño. Todos los asistentes se levantaron y rompieron en aplausos ante el nombramiento de la pequeña embajadora. 

Y como broche final, el alcalde se dirigió a Elisa:

-Pequeña, esta ciudad se rinde ante tus pies depositando sus esperanzas en ti como Fallera Mayor Infantil y embajadora de la ciudad. 

Dedicado a Elysa, mi pequeña embajadora de Emagister.

Los sueños de los niños siempre están bien cargaditos de ilusión, pero esa ilusión se vuelve aún más hermosa, cuando la realidad, la toma de la mano...


Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 23 de Agosto del 2011

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