miércoles, 8 de agosto de 2018

EL HADA VIOLETA

                                            EL HADA VIOLETA

Ocurrió un día cualquiera, donde existe la ilusión, que estando algo aletargada, tuve, una extraña ilusión. Pero aquello que creí que de un sueño era su don, no era más que origen de una dulce aparición. Por lo menos así, todo comenzó. 

Fue la primera vez que vi el hada el hada al hada Violeta, apareció de la nada, sin ninguna explicación. Asombrada, no daba crédito a lo que veía, las palabras atropelladas de mi boca, casi no querían salir. El entusiasmo se apoderó de mí, corrí hacia la puerta y de un portazo la cerré, para que no se marchara.

Sentí tan cerca su luz clara y cristalina que le dije: 

-No te escaparas.

La quería para mí, para que su magia me abrazara por siempre jamás.

El hada parecía aterrada, huía despavorida revoloteando de un lado a otro de la habitación y yo, sin darle tregua, la acosaba persiguiéndola sin dejarla recobrar el aliento.

Por un momento se detuvo en el aire. Se veía tan hermosa en lo alto de una estela, parecía una rosa entre un enjambre de estrellas. Estaba iluminada, desprendía una extraña aureola con un halo de color añil y no veía más allá,  que poder hacerme con ella.

-¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?-le pregunté. 

Mientras volaba y volaba sin quererse detener. Hacía rítmicos giros con airecillos suaves que desprendía de sus alas y con un sutil zumbido que se asemejaba, a la musiquilla de un arpa celestial.

Me subí en la mesita de noche para darle caza en la silla, y salté hasta por encima de la cama, dando palmadas. 

El hada, aleteaba desesperada, inquieta, dando rápidos revuelos terriblemente asustada.  Para recobrar el aliento se escondió detrás de una taza, pero enseguida la encontré y antes de darle caza, se escapó otra vez.

¡Qué cúmulo de sensaciones! Me sentía fascinada, sorprendida, maravillada y al mismo tiempo, raramente  entusiasmada. Pero cada vez que parecía acercarme a ella, el hada huía rápidamente, sin que pudiera cogerla.

En un almohadón hecho de mullido algodón, allí se posó, exhausta, para recobrar el aliento. Al observarla cansada, enseguida, me abalancé sobre ella y ¡ZAS! No medí bien mis fuerzas, con tan mala fortuna que le rompí una de sus alas.

Fue rápido, sin pretensión, pero el hada en un suspiro sin alma, se le agotó la magia y sin una de sus alas, se quedó.

Pobre hada, pobre ala ¿qué harás ahora sin ella? ¿Qué es un hada sin mágia? preguntó mi pensamiento sin que mis labios hablaran. Lo siento tanto, lo siento, lo hice sin intención.

El hada, recostada en una esquina, lloraba desconsolada, era tanto su sufrir, que su carita era el poema más triste de la constelación. Hasta las estrellas fugaces apagaron su resplandor. Y las flores de la dehesa, palidecieron de dolor.

El hada temblorosa y abatida se dejó vencer mientras me susurraba palabras tristes en el pensamiento.

-¿Cómo será no volar? será como morir en vida, como llorar sin lágrimas, como cantar sin voz.  Ya no podré reír con el viento, ni evadirme del silencio, ni esconderme entre una flor.

No pude soportar tanta amargura y sin más premura, cogí con cuidado al hada y también su ala y la guarde en el bolsillo.

Corrí y corrí hasta donde mis pies me llevaron. Me adentré en un lugar donde cada latido que manaba la tierra irradiaba caricias para el alma. Había árboles de colores y mariposas por todas partes. Una extraña luz lo cubría todo de un suave tono acaramelado. Había cisnes
brillantes frente a un dorado estanque, donde la naturaleza desprendía magia por todas partes. Donde el lago de los deseos formaba parte de la magia que estaba a punto de comenzar…

Era todo tan impresionante que me pregunté ¿Será este el reino de las hadas? ¿Como lo podría saber…?

La cogí entre mis dedos y le dije: 

-Hadita mía, ten fe. 

Y fui cogiendo dos hojas y una flor, como se recoge el té, hasta formar un mullido colchón, donde la posé.

Enseguida comenzaron a aparecer hadas de luz, salían de todas partes, yo, maravillada, las seguía con la mirada, pero no podía moverme, me quedé, petrificada.

Se acercaron a ella todas y entre el cielo y la tierra se forjó una especie de pasadizo, por donde danzaban estrellas, por donde corrían ríos de oro, azucenas y mariposas. Y las hadas bondadosas, todas ellas, fueron tejiendo con su magia el ala malherida. Con hilos de amor, de gratitud, de ilusión, de belleza y de corazón. Así bordaron su ala, con puntadas de felicidad completa, para que recuperara toda su magia, el hada Violeta.

Al terminar la labor, el hada Violeta agitó sus alas y enseguida se elevó. Con su suave aleteo hacía sonreír al aire con delicado cosquilleo, mientras ella, reía alegre a carcajadas. Todas las hadas de luz se reunieron formando un círculo alrededor mía. Desde lo más alto se percibía un airecillo sonoro, y pudieron verse sirenas agitando sus colas en el río de oro.

Las hadas, todas ellas, susurraron al unísono en mi pensamiento, con exquisita levedad palabras que parecían versos repletos de amabilidad, que fueron formando mares en mi entendimiento.

Me dijeron...

-Las hadas son libres como el aire, no pueden poseerlas los humanos, no están hechas para ser cazadas. Así son las hadas, de nadie, solo de la brisa o el viento, de cielo o la mar. Al humano que se  le conceda el don de ser visitado por un hada, pude dar gracias a Dios, porque será bendecido para siempre, con la magia y el amor.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 8 de Agosto del 2018

martes, 11 de noviembre de 2014

LA MÁGICA BENDICIÓN

                                             LA MAGICA BENDICION

La Mágica Bendición, así es como se denomina el día de las fiestas de  ese maravilloso municipio. 

Oficialmente se celebran en la comarca desde mediados del siglo pasado, concretamente, desde que se inauguró el parque. 

El extraño encanto se hace real exclusivamente, en esa única noche, recorriendo palmo a palmo todos los rincones del lugar.

En esa gran noche, la magia envuelve a todo el entorno y a sus habitantes en un encanto especial. Niños y mayores destierran lo convencional y se transforman en pequeñas hadas, duendes, dríadas, en brujas y hechicero, creando así, un mundo de ensueño colectivo.

El  parque es el espacio del encuentro oficial, se adorna con exquisita y delicada belleza. Todo da comienzo sobre las doce de la noche. Las luces de las farolas se apagan y las luciérnagas tintinean, revolotean por todo el parque. Los pequeños farolillos de cientos de colores, comienzan a lucir y el recinto se ilumina radiando una fascinante luz.

En ese maravilloso momento, todos se miran con los ojos del alma, y todo comienza a envolverse, en pura magia...

Los Duendes acampan a sus anchas por todo el parque. Las Hadas, con sus almas de cristal,  revolotean esparciendo estelas de estrellas, jugueteando y riendo a carcajadas. Las Ninfas, esos espíritus divinos, son realmente fascinantes, sus delicados rasgos embelesan. Ellas se dedican a esparcir destellos de amor para curar a los enfermos del mal de amores. 

Las ninfas de los bosque,llamadas Dríadas,  salen de sus árboles y aletean con sus alas de colores para proteger al pueblo de malos augurios. Los hechiceros, con sus bolas mágicas, ven el futuro que se avecina, pregonándolo a los cuatro vientos. En grandes calderos elaboran brebajes que alivian las dolencias del alma y dan a beber de sus pócimas mágicas. Las hechiceras, favorecen a los espíritus libres. Las brujas empiezan a hacer de las suyas, pero las hadas contrarrestan los maleficios con sus varitas mágicas.

Durante esa gran, asombrosa y maravillosa noche, ocurren cosas verdaderamente sorprendentes, tan extraordinarias, que durante el resto del año jamás de los jamases ocurrían. Todo es... ¡Tan especial! !Tan autentico! Pero a la mañana siguiente, todo vuelve a la normalidad. De la gran noche solo quedan las guirnaldas y los adornos de colores que engalanaron el parque. 

Los habitantes del lugar no comentan nada de lo ocurrido, como si no hubiese sucedido, pero parecen sumidos en un bienestar inexplicable. 

Para ellos, lo que ocurre en la noche más especial del año, no es fantasía, es tan real como la vida misma. 

Son conscientes de que el mundo real es mucho más pequeño que la imaginación, y saben que el poder de la mente es infinitamente más grande que el universo, así que, en la gran noche de La Mágica Bendición, dan riendas sueltas a la imaginación, y la magia, sencillamente, está ahí...

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 12 de Noviembre del 2014
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

LA BELLA Y EL RUISEÑOR

                                         LA BELLA Y EL RUISEÑOR

Era ella, La Bella, la más hermosas doncella del campo de fantasía. Era feliz, toda ilusión y alegría, todo candor. Radiante como un flor de frescura inigualable, con un color rosado en las mejillas que se percibía envidiable porque nadie lo tenía, solo ella, La Bella, la mas preciosa doncella del campo de fantasía.

Desde pequeña se había criado con su amigo el ruiseñor y cada día La Bella y el ruiseñor entonaban juntos, bellísimas melodías.

La Bella cantaba con una linda armonía, tal dulce era su voz, que se igualaba en su acento al canto del ruiseñor.

Las notas que afinaban eran dulces sinfonías, nacidas en el corazón.

En el campo de la fantasía, al escuchar los cantares todas las flores se abrían. Era como el agua de la fuente de la vida ¡Que dulzura! ¡Que belleza! ¡Con que frágil sutileza moldeaban la canción! parecía una Diosa acariciando el viento el jardín del amor.

Un día, como otro cualquiera, sin ninguna explicación, La Bella salió a dar su paseo como todas las mañanas. Pero el ruiseñor no acudía a su llamada. Lo reclamó una y otra vez con mucha preocupación. Entonces ella, La Bella, fue incapaz de entonar su canción. De su garganta no salía ni una estrofa, ni una nota, ni ninguna entonación. Solo sufrimientos hechos de lamentos, de pesares y aflicción.

Se llevó vagando todo el día por el campo de la desolación. Y la noche se metió en sus ojos, en su alma, en su dolor, porque su mejor amigo no acudía.

A la mañana siguiente el campo se despertó. Las flores que lo adornaban habían deslucido sus colores. Ya no eran vivos, ya no eran encantadores. Ni siquiera el arco iris parecía de verdad, había perdido todo su encanto, toda su tonalidad y en vez de ser el campo de la fantasía, se había convertido, en un terruño de la desolación.

Pobre Bella, pobre hermosa doncella del campo de fantasía. No encontraba explicación para tan terrible agonía.

Doliente, seguía llamando al ruiseñor, pero él seguía sin acudir. Y en su garganta, la angustia, y ni una nota que salir.

La bruma cubría todo el campo, todo lucía desolado, todo mustio, sentenciado a una muerte segura. Y La Bella, ya no era la más hermosa doncella del campo de la fantasía. Ahora era una simple plebeya deslucida por el dolor. Su pelo ya no era sedoso, ni largo, ni brillante, ahora era áspero y mortecino. Y su semblante, triste y anodino.

Recorrió una y otra vez todo aquel desamparo, en busca de su amigo ruiseñor. Y cuando iba a ceder de su empeño, echó la vista hacía un rincón muy apartado y vio un nido muy pequeño, junto a un tronco mustio y  apagado. Un nido con tres diminutos polluelos, casi sin pluma, agónicos y a puntos de sucumbir.

Lo cogió con delicadeza, y vio que bajo sus cabezas, lucía tímidamente algunas plumas azules. Anonadada, llevó al nido hasta su aposento, para darle calor y el sustento que necesitaban.

Pronto los polluelos renacieron en todo su esplendor, y conforme empezaban a afinar su canto, La Bella lucía cada día un poco mejor, entonando nuevas baladas, con una dulce melodía.

En el campo de la fantasía las notas parecían despejar la niebla. Las flores que un buen día deslucieron sus colores, comenzaban a encenderse como luceros celestes con tímidos resplandores.

Y ella, La Bella, volvió a ser la mas risueña con la mayor de las alegrías, la más linda y encantadora, la hermosas doncella del campo de fantasía. Radiante como una flor de frescura inigualable, entonaba sus lindos cantares. Y los pájaros cantores, con sus plumajes de colores y sus lindas melodías, todos los días le acompañaban, como lo hizo su madre, durante toda su vida. 

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 19 de Diciembre del 2012




martes, 20 de noviembre de 2012

EL ESPEJO DE LAS HADAS

                                            EL ESPEJO DE LAS HADAS

Ella, La Bella, esa preciosa doncella del campo de fantasía, que cantaba bellísimas canciones de tan lindas melodías, un buen día sin saber como y por qué, empezó a cantar canciones, de un grupo muy yeyé.

Se pasaba el día peinándose la melena, rizándose las pestañas, descuidando sus tareas, y mirándose su linda estampa, en un espejo cruel.  

Pobre Bella, aquel espejo no la dejaba ver más allá, de su propio reflejo mortal. Y como una estrella fugaz, fue apagando los destellos que le unían al campo de la fantasía y la magia de verdad.

¿Qué le pasaba a La Bella, que en las ninfas no quería creer? era bastante avispada, pero ya, casi no creía en la hadas porque había empezado a crecer. Y el campo de la fantasía envuelto en melancolía, poco a poco, se iba dejando vencer…

Todo era diferente en su propia habitación. Había renovado el ambiente, sin peluches, sin muñecas, sin cuentos, casi sin alegría. Era un cuarto deshabitado en un mundo limitado sin magia, ni fantasía, donde ya no cabía la ilusión.

Un día, sin justificación aparente, encontró en el suelo de su dormitorio, un pedazo de cristal que brillaba reluciente. Miró a todos lados para ver si encontraba, el espejo fracturado de aquel lumínico cristal. Pero no halló respuesta alguna que le diera explicación.

De aquel espejo salía un destello distinto a cualquier otro cristal. Brillaba, con reflejos azules, de apariencia poco usual, como con tules tornasoles, de un mágico metal.

¡Que extraño se veía! Eso no le parecía normal. Se miró en él atentamente, y se vio envuelta de repente, en un velo angelical. 

Ella, La bella, se sentía diferente, con una frescura inusual. Flotando entre la bruma,  de algún exótico lugar. Como cuando era pequeña, con esa ilusión ferviente, que a nadie se le debe robar.

Se encontró frente a frente con la dueña del lugar. Era el hada de los tiempos, la dueña de aquel espejo asombroso, que dota a las persona de la eterna ingenuidad. La que regala los sueños, la que te cubre con sus  velos de pureza, por toda la eternidad, y le dijo:

-Nunca abandones la inocencia, nunca sucumbas a la desesperanza. Y aunque crezcas, envejezcas o pierdas la confianza. Aunque los años se esfumen como el humo o el vapor, yo estaré ahí  presente, dentro de tu corazón, y hallarás siempre un sitito, para la imaginación.

Y ella, La Bella, aunque seguía siendo la más bella, se dio cuenta de sus errores y le pidió al hada perdón. 

El hada, le regaló el espejo, para que en él se mirara siempre, con los ojos de la ilusión.

Y ella, La Bella, como una estrella se sentía y entonando las lindas canciones, con el hada bailó, en su país de fantasía.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 20 de Noviembre del 2012




sábado, 10 de noviembre de 2012

MI MUNDO PERFECTO

                                                   MI MUNDO PERFECTO


Siempre  que salgo al jardín, lo hago a solas, sin que nadie pueda verme, feliz de mi soledad, con ansias de fantasía y mi libro bajo el brazo. Llevo puesta una sonrisa  y mi melena, al viento, con un sombrero de flores y los ojos muy abiertos, deseosa de traspasar la frontera que me lleva, hasta mi mundo perfecto...

En mi rosaleda, tengo un rinconcito especial, es como una habitación pero sin paredes, como techo, el cielo con nubes de algodón y de asiento, un cojín hecho de flores, con perfume de limón. Aquí, nadie puede entrar, si no tiene invitación. Creo que si me descubren, desaparecerá el encanto con el solo soplar del viento. Aquí en mi mundo, me siento tan feliz, como si fuese una princesa encantada que ha salido, de uno de mis cuentos.

El paisaje, cada día es diferente. Se envuelve en un aura de ilusión, con brillos de esperanzas que me despejan la mente y entonces, le voy dando riendas sueltas a mi imaginación...

He conocido a un hada, ella es maravillosa, azul como mismo cielo. A un unicornio alado que al escuchar mi voz, trota deprisa y contento. Duendes que todo lo saben, mariposas de colores y numerosas aves que entre nubes algodonadas, alzan su vuelo. Y bailarinas que danzan con zapatillas doradas, entre vaporosos velos.

Me gusta esa sinfonía clara que resuena en campo abierto. El croar de las ranas del estanque y el silbido del viento, los suspiros de los duendes que se dispersan, con el canto de algún pájaro pasajero.

He atado al arco iris con un lazo de cristal y volado sobre el cóndor, en su  majestuoso vuelo. Ha sido tan especial, una auténtica maravilla, como fui surcando el cielo. Volé tan alto, que casi toqué a un lucero, y mi corazón pegó un brinco, queriendo salir del pecho...

Le he contado al hada azul que una vez fui sirena, en uno de mis sueño. Que lo dibuje en lienzos del paraíso, con colores indelebles, con acuarelas de ensueño.

Y cuando observó entre luces que el crepúsculo viene a mi encuentro, un místico velo se cierne sobre el jardín y va esparciendo despacio, un halo inigualable de poéticos sentires y ya, ni las mariposas, ni sus colores, ni el aroma de las flores se pueden definir, todo se va en un sentir, quedando difuminado.

Y aunque florezcan nuevos capullos en mi querida rosaleda, ni el perfume del jazmín, ni la vida, ni la alegría, se distingue cerca de ella, porque al divino vergel le va rozando el ocaso y sin poderlo remediar, va perdiendo su encanto. Cargada de sentimientos abandono mi mágico edén, dejando mi alma en él y mi vida hecha silencios.

Entonces, espero hasta que un nuevo día brille, como cristales selectos y vestida de fantasía, vuelvo a salir al jardín. Llevo puesta una sonrisa con la mirada encendida y mi libro bajo el brazo, y ya soy la princesa encantada, soy el hada madrina, o la sirena de un cuento, soy, quien yo quiera ser, siempre... en mi mundo perfecto.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 10 de Noviembre del 2012


domingo, 4 de noviembre de 2012

A LA HORA DE LAS HADAS

                                                A LA HORA DE LAS HADAS


Fue, a la hora de las hadas, las que agitan con sus alas, en la noche misteriosa, las oscuras horas sin luz. En un lugar tenebroso, donde brincan disfrazados vampiros, momias y espectros pegajosos, en un desfile sin fin.

También habían brujas malvadas, esas indecentes verrugosas que asustan con sus feas caras y hacen vudú. Se mezclan disimuladas entre personas con disfraz, cometiendo actos  del mal y en vez de volar con alas, utilizan escobas de bambú. 

Salió Casilda con su hermano, lo llevaba de la mano, disfrazado de esqueleto, con huesos brillantes como la luz, que causaban mucho respeto. Ella era más presumida y vestía de hada madrina, con un vestido de rosado tul.

De pronto, una bruja maliciosa con risa poco común y con figura escabrosa que daba un miedo atroz, dio un giro inesperado, sin saber como y por qué, con un golpe muy certero... «ZAS» Arrancó cruelmente el brazo de Josué. El pobre niño gritaba y lloraba angustiosamente. La sangre corría a raudales por su disfraz y con su otra mano, se aferró al traje rosado de Casilda y el vaporoso velo, se quebró al trasluz. 

Fue, una de las hadas, la más pequeña de todas, la que halló sumido a Josué en un llanto aterrador. Cogió el brazo del niño, con mimo, abracadabra, mucho cariño y lo colocó en su lugar. 

Le pregunto a la niña, pero ella no supo contestar. Interrogó a las arpías, esas con rostro de mujer y cuerpo de ave rapiña y no dio con la que fue.  Pero cuando llegó a la bruja malandrina, que estaba apartada riéndose a carcajadas en una de las esquina, con mirada ensangrentada y risotadas asesinas, le preguntó si ella fue.

 –NO- Gritó la muy embustera.

 Pero el hada virtuosa era bastante astuta, y entonces…descubrió el pastel.

Cogió a la bruja asquerosa, en un renuncio falaz y tirando del disfraz vio que no se despegaba, que era bruja de verdad. 

Tiró de su escoba, con una fuerza mordaz, aleteo sus alitas y salpicándole de estrellitas, la envió de un empellón, al más oscuro rincón que te puedas imaginar, donde cumplen castigos las brujas malas, esas con verrugas peludas, nariz muy afiladas y uñas de caracol.

Fue allí, en un lugar tenebroso, a la hora de las hadas, las que agitan con sus alas en la noche misteriosas, las oscuras horas sin luz, donde brincan disfrazados, vampiros, momias y espectros pegajosos en un desfile sin fin.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 4 de Noviembre del 2012




domingo, 26 de agosto de 2012

AL BORDE DE UN SUSPIRO

                                              AL BORDE DE UN SUSPIRO


La encontré, en el bosque de la esperanza.

Estaba, allí sentada, al borde de la fantasía, sus pies colgaban meciéndose con el agua.

Llame su atención,  parecía ensimismada, miraba a dos cisnes que elegantemente
nadaban en el lago de la ilusión y a las mariposas que hacían giros etéreos,  
para posarse sobre el árbol del amor, un enorme Cersis, que lucía sus flores malvas.

Le dije: − Te he traído un regalo y ella, alzó su mirada y me sonrío.

Posé cuidadosamente, dos alas sobre su espalda. Enseguida comenzó a elevar sus pies del agua, su  cuerpo subía despacio, ágil, como una pluma, ya no le pesaba nada.

Sutil, vaporosa, ella estaba encantada. Y su silla de ruedas quedó, bajo su atenta mirada. Cada vez la veía más pequeñita, hasta el punto, de no darle importancia.

Se elevó sobre el camino, sobre las flores y sobre las ramas. Subió hasta las nubes y ávida de conocer su destino, agitaba con fuerzas sus alas.

Comenzó a reír alegre, se sabía afortunada.  Jugó allá en lo alto, suspirando con sus alas, había descubierto un nuevo mundo donde todo era posible, un mundo diferente erguido por el encanto de la mágica.

Un universo distinto, donde la pena no cabe porque la felicidad, es la reina y ella, la princesa más mimada. Y siguió volando, surcando mares y subiendo montañas como un espíritu divino.

Ya no parecía necesitar mi ayuda y me fundí en el borde de un suspiro, en las plumas de sus alas, esperando que este hechizo fuera eterno  y nunca jamás, se agotara. 

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 27 de Agosto del 2012


Gracias al Castillo Mágico de poetas por este reconocimiento


viernes, 10 de agosto de 2012

A LA LUZ DE LAS FOGATAS

A LA LUZ DE LAS FOGATAS


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Ocurrió, una noche, bajo el calor de la fogata,  la niebla sobre el pantano
cubría su desnudez, y la luna a su vez, despertó más bien temprano.

A la hora de las tinieblas, allí se puso a relatar, el más bravo charlatán, historias que el vello encrespa sin ninguna compasión.

En aquella reunión comenzaron a salir elfos de dos en dos, las hadas de las campiñas,
la reina de la luz, y un ogro con un arcabuz que disparaba todo el rato.

La niña, la más chiquita, lloraba aterrorizada, sus lágrimas todas, empapaban la puntilla del filo de sus enaguas,  y sin saber como y porque,
de una lagrima brotó, una hadita de las aguas.

Y le dijo:

-Pequeña chiquilla ¿Porque lloras tan apenada? No ves que no hay mala intención,
son historias de cuartel, que se cuentan sobre el mantel, o a la luz de las fogatas.

Las hadas, todas ellas buenas son, y si hay algún bribón como el ogro de las balas,
cierra los ojos y piensa con el corazón, verás como desaparece y la reina de las hadas
con un beso en la frente, te dará su bendición.
Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 11 de Agosto del 2012


Gracias al Castillo mágico de poetas por este premio.

jueves, 24 de mayo de 2012

EL REINO DE LAS HADAS

                                                          EL REINO DE LAS HADAS



No fue producto de mi imaginación, ni de tradicionales leyendas, fue, el recorrido de ensueño, por donde transitan las sendas virtuosas que nos llevan desde lo real, a los sueños. Es justo allí donde existe, el Reino de las Hadas. Yo, un día vi a una, volaba entre las flores, parecía una mariposa alada, pequeña, suntuosa y delicada.

Sigilosa, la perseguí disimulada, como quien no quiere la cosa. La aceché y cuando me demoraba por cualquier cosa, ella parecía que me buscaba. Me dio la impresión de que pretendía que la acompañara.

Fui bordeando el río, tras ella, para ver hasta donde llegaba. La seguí hasta una pequeña gruta, donde la luz se duerme, donde lo lóbrego manda.

Se ocultó entre túneles de aguas, donde no penetra claridad alguna, pero la luminosidad que desprendía, la delataba.

La gruta era pétrea y empinada. Superé cada obstáculo que se me presentaba, hasta llegar a la salida de aquella cueva atezada. Ella, salió de aquella sombría gruta, tan exquisita como entraba y yo, salí tras ella, sabiéndome observada.

Al fondo, distinguí un frondoso bosque, tan precioso, que a cualquiera le quitaría las penas.

Yo, estaba como hechizada. Y se me fueron hicieron añicos todos los esquemas, porque aquello me parecía tan divino, como liberado de un delicado poema.

Más el cielo no era de color azul, si no añil, y las nubes, anaranjadas.

Los pájaros en todas ellas se columpiaban y todos aquellos espíritus divinos, parecían tan felices, que reían a carcajadas.

Había multitud de flores de delicados aromas y colores. Y cada vez aparecían más hadas, una tras otra, envueltas en suaves rumores, entre mágico vuelos y cánticos de amores.

Eran preciosas y delicadas, de la más exquisita de las bellezas, todas ellas parecía divertirse, meciéndose entre las nubes y las ramas.

Sus ropajes eran de vaporosos tules y seda, que se confundían con sus alas. Algunas llevaban diademas con campanillas doradas. 

Todas ellas aleteaban y al batir sus delicadas alas, mágicos susurros regalaban.

Era como el Edén. Había pavos reales vestidos con espesos plumajes de suaves sedas. Abrían sus colas de colores de sutiles acuarelas.

Fue asombroso, la curiosidad me dominaba. Lo fui viviendo como si estuviese dentro de un cuento y conforme transcurrían los acontecimientos, se me fue desplegando el abanico de inocencia, que aun conservaba. 

Encontré por casualidad, un cobijo exquisito, donde siempre es primavera, donde la dulzura existente se transfigura, en leal compañera. Entre su mundo y el mío, no había límites, ni fronteras, solo un delirio ilusorio de una fabulosa quimera.






Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 24 de Mayo del 2012


viernes, 11 de mayo de 2012

EL DESEO DE VICENTE

                                                           EL DESEO DE VICENTE


Está nervioso Vicente, la noche llegó temprana y la papilla sobre la mesa, está reposando templada.

El niño observa paciente, la noche en su ventana y de repente advierte, a la luna descarada.

Empecinado, el chiquillo balbucea,  señalando al ventanal, con un lápiz en la mano.

Vicente cierra la boca y protestando chilla, el pequeño incomprendido no quiere tomar su papilla.

La madre, insiste con la cuchara y le hace el avioncito, el niño sella la boca, chapurrea y toda la cucharada en la cara le espurrea.

– ¡Qué le ocurrirá a este niño que no consigo entenderlo!

Y la sufrida mamá observa como Vicente desliza, el lápiz por su cabello.

El niño insiste enojado, señala a la cristalera y la papilla inunda su babero de franela.

Nadie le sabe entender, nadie comprende su deseo y él solo quiere dibujarle, a la luna, un sombrero.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 11 de Mayo del 2012

sábado, 14 de abril de 2012

EL JARDÍN DE LAS ROSAS

                                                      EL JARDÍN DE LAS ROSAS


Debo suponer que siempre estuvo allí, pero anduve tantas veces por el mismo sitio y nunca lo vi. 

Hasta ese momento, en que los rayos del sol bañaban la piedra y entre los dedos trepadores de la hiedra, un rayo de luz se reflejó en un punto exacto. 

Solo por un segundo se hizo visible la barrera que nos separa del otro lado. 

Me produjo un gran impacto y sin pensarlo dos veces, crucé una cortina de agua y vi, el jardín de las rosas, donde las risas se vuelven chisposas y miles de campanillas caían en cascadas. 

Había también un camino de flores y plantas de caramelo.

Sobre el agua cristalina, nenúfares y lirios de limpios colores. Y el cielo era del mismo azul que la mar.

¡Que precioso lugar! Parecía el país de los sueños donde vive Peter Pan.

Me apresuré sigilosa, quise saber mucho más. Vi una luz muy brillante, que se me hacía cegadora. Fui hasta allí sin demora, desde donde pude ver con claridad un dorado estanque. Un cisne de tal belleza, flotaba en solitario y una familia de patos nadaba con delicadeza. 

Y de aquellas aguas cristalinas que parecían tan serenas, salía una melodía hechizadora que quitaba las penas.

Los árboles, todos ellos parecían de acuarelas. También lo parecían las nubes de algodón, que de caramelo eran. Y el campo era en si, todo una autentica maravilla. Una alfombra divina de colores muy dispares, rojo, verde, rosado, amarillo y un geranio colgante color malva. 

Allí en aquel lugar tan deslumbrante miles de mariposas azules revoloteaban entre anaranjados tules del alba.

¡Que lugar tan asombroso!  Las hadas salían de todas partes. 

Me rodearon enseguida y cubrieron mis ropajes con un polvillo luminoso. 

Era magia sin duda y sin necesitar ni una pizca de ayuda me dispuse a volar…Fue un instante etéreo y me di cuenta que aquellas pequeñas hadas tenían un plan. 

Todas ellas me escoltaron y hasta el cielo me elevaron sin que me pudiera negar. 

Desde lo más alto del todo, aquel jardín de las rosas fue apagando sus colores y todas las mariposas fueron cayendo al mar. Y todas aquellas flores que tanto resplandecían, se convirtieron en lágrimas de cristal.

La tristeza desde el aire, en aquel lugar se hizo evidente sin poderlo remediar.

Fui saltando de nube en nube, volando sin flaquear.  Los luceros me miraban y yo les saludaba sin más, como si fuera normal volar entre ellos.

Miré hacía tras un segundo por pura curiosidad  y vi que iba dejando una estela luminosa, como una estrella fugaz.

Por fin llegué a mi destino, un lugar diferente, donde lo normal no es normal, si no divino. 

Me escoltaron hasta un palacio cristalino, donde el llanto de un niño era estridente y constante. Eran tal los alaridos que se rompía al instante todo sosiego y toda paz.

Pobre niño!- gritaba la reina.
-¿Es que nadie lo puede calmar?

Las hadas, todas ellas se agruparon en un coro celestial.

Me ordenaron:

 -¡Hazlo callar!

¿Y como podía aliviar yo el llanto de un niño de un palacio celestial?

Le dije:

-Te contaré un cuento y empecé a relatar…

He conocido un lugar donde las noches no existen, donde hay animalillos de chocolate y mermelada para merendar…

He visto una cortina de agua, una cascada de campanillas, un cisne muy singular y una familia de patos que nadaban todo el rato en un estanque sin igual. 

Un jardín de rosas donde las flores son hermosas. Había también un largo camino de flores y plantas de caramelo con multitud de colores, para los niños buenos que han dejado de llorar…


El niño, me escuchaba atento a la vez que sonreía, parecía divertirse y sin darse cuenta, dejó de llorar.    

El llanto del niño cesó. Y las hadas de mi cuento, felices y agradecidas  para celebrar el evento, campanilla de colores empezaron a tocar.

En el palacio transparente como el cristal, la calma se hizo evidente y por fin, el silencio pudo reinar. Fue así como calme el llanto de aquel niño celestial. Y regresé por el viento a aquel lugar tan especial, al jardín de las rosas, donde las risas se vuelven chisposas y los cuentos, se hacen realidad.

Margary Gamboa ©Todos los derechos reservados

Sevilla, a 14 de Abril del 2012


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